"Tengo temor", me dijo. Al preguntarle cuál era el origen de su temor, me respondió: "Hoy le di una carta, explicándole mis sentimientos. No me respondió nada. Ya la perdí."
Le dije que podría - y debería - esperar un poco para recibir respuesta. Ella me dijo: "por eso tú no se lo has dicho, por el temor a perderla, igual que me pasó a mí".
No dije más.
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